Y no sabes cuánto bien puede haber en las frases de metal.

Si te necesito huiré,
sé bien dónde esconderme
si me siento frío contaré
los años ya sin verte
y una luz, que se apagará,
hará un de un ser inerte
un robot,
un amante de cristal.

Vísteme como a esa llama
cartones de colores
sobre lanas apagadas
de plástico o vinilo
con un jersey de hilo,
que se corta con el filo
de mentiras maniatadas.
¿Querrá decir eso algo?
Harto de intentar entender
perdido entre tanta metáfora
al final, me encontré
absurda catáfora
anticipando café.

No entendiendo nada, me dirigí
a la cámara de mi alguacil
y le supliqué, ya ni pedí
alguna forma de escapar de ahí,
y me dijo, con un tono sufí:
"Habrás de renunciar a todo,
y quizás incluso a ti
¿Vas con una libertad así?"
Acepté y pagué el precio
sigo sin entender
pero ahora, al menos,
algo más puedo ver,
y algunos tímidos sueños,
cosas por hacer,
surgen entre los restos
de este gnomo de jardín.

Una lástima que ya, esa llama,
no la puedas vestir,
es un poco de plástico
condenado a morir.